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jueves, 23 de agosto de 2012

SOLO ES CUESTIÓN DE TIEMPO

Cuando vine a vivir al terreno fiscal que el territorio nacional de la Tierra del Fuego le dio a mis hijos, mi familia. Lo primero que hice fue cercarlo, enclavar el obrador donde irían a estar las herramientas, y materiales para la construcción de nuestro hogar.
Recuerdo en ese entonces que todo era una expresión de deseo, ganas de mudarnos y vivir en una parcela la cual pertenece a la que se conoce como tierra de frontera. Por lo cual existe hoy día una doble legislación, para el predio en donde mis hijos habitan, una ley corresponde al ámbito nacional y la otra al provincial. Luego de mucho tiempo a la posesión de la tierra de mis hijos, se sumaron las leyes de tierras fiscales, más luego se le agregaron las ordenanzas municipales, como una sesión de espacios fiscales desde la provincia a favor del municipio.
Pero todo lo anterior responde a un tema que está relacionado con las leyes que rigen nuestra vida. Pareciera que no pueden existir cambios, que todo está digitado, determinado.
Pero la naturaleza desde hace casi trece años me demostró que no todo está escrito y menos las sorpresas que la vida nos da.
Voy a intentar compartirlo de un forma que nos reconforte y repotencie nuestro ser interior.
Esta historia de la tierra de mis hijos tiene algo en común entre el reino animal y el vegetal. Es la historia de nuestra perra y un abeto.
Como lo comentaba cuando llegamos en aquel entonces, desde hace más de 20 años comenzamos a plantar lupinos, frambuesas, frutillas, pinos, pero de todos los pinos que plantamos el único que sobrevivió fue un abeto.
Esta historia entre el abeto y nuestra perra “Vuka”, una “Pastor Alemán” pura, es una preciosa enseñanza por la profundidad de la misma.
Nuestra mastín por su agresividad cuando cachorra y por ser muy territorial estaba atada a un sistema de corredera con cable de acero como guía, además tenía una cadena que con el collar contenía su impulso agresivo ante la visita de desconocidos.
En ocasiones esta cadena lastimaba a los pinos, dentro de ellos se encontraba el abeto.
¿Por qué me concentré en esta variedad de pino?. ¡Bueno!, acá viene la enseñanza. El reino vegetal no tiene la rapidez de recuperarse de una lesión. Fue interesante lo que pude observar, por cuanto la cadena de Vuka había hecho estragos en el tronco primario, del mismo. Yo personalmente no controlaba lo que hacía la perra atada con su cadena sobre el reino vegetal hasta que un día limpiando el fondo, recalé sobre el laceramiento que la misma hizo sobre este pequeño árbol, me pregunté si sobreviviría. De tanto castigo se había quedado sin ramas. Su tronco quedó destrozado por haber sido una y otra vez lastimado, vez tras vez estrangulado, este joven representante del reino vegetal, languidecía.
Me dio dolor ver el estado calamitoso del pobre y profundamente lastimado Abeto, lo cambie de lugar para cubrirlo con una bolsa negra con el fin de acelerar su crecimiento y evitar los rayos nocivos del sol en su estado tan delicado, lo regué, espere y esperé semanas, hasta que el milagro sucedió, de repente entre tantas inspecciones oculares mis ojos no podían dar crédito a lo que veían, había nacido la primera ramita.
El tiempo pasó y hoy he visto la obra consumada, el primario, viejo tronco fue rodeado en un lazo de amor a manera de un torniquete por la rama nueva, literalmente se enroscó en derredor de su herida con el retoño. Hoy la pequeña rama es el tronco principal.
Así es nuestra vida, muchas veces las circunstancias nos hieren una y otra vez. Parecería que ya no hay esperanza, pero desde nuestro ser interior surge nuestra naturaleza el de sobreponernos ante cualquier adversidad. Nuestro pensamientos, sueños, descanso, generarán la medicina, el torniquete para frenar la hemorragia y las palabras justas sanarán nuestra alma.
Solo es cuestión de tiempo.
Mustapic Federico Antonio.

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